Por qué el miedo nos hace creer mentiras sobre las vacunas
Por qué el miedo disfuncional nos vuelve vulnerables a la desinformación sobre vacunas y cómo la psicología explica este mecanismo.

Hay una pregunta que no es obvia cuando se habla de vacunas.
No "¿son seguras?" ni "¿funcionan?". Esas respuestas ya existen y son contundentes. La pregunta más incómoda es otra: ¿por qué una mamá que ama profundamente a su hijo puede terminar creyendo que vacunarlo le va a hacer daño?
No por ignorancia. No porque sea mala madre. Sino por algo que tiene que ver con la psicología del miedo cuando se vuelve disfuncional, y con cómo la desinformación está construida específicamente para aprovechar eso.
El miedo tiene una función. Hasta que deja de tenerla.
Norberto Levy, uno de los referentes más importantes en psicología de las emociones, plantea algo central para entender este tema: el miedo no es el problema. El problema es el tipo de miedo que se está escuchando.
Hay dos versiones.
El miedo funcional es el que, aunque genera angustia, toma una señal real y te pone en movimiento. Te muestra que hay una desproporción entre el peligro y tus recursos para enfrentarlo, y esa señal te activa. Es el miedo que te hace ir al pediatra cuando tu hijo tiene fiebre. El que te hace preguntar, investigar, actuar. Genera angustia, sí, pero esa angustia tiene dirección.
El miedo disfuncional, en cambio, paraliza. Inhibe la acción, bloquea toda posibilidad de actuar, te resta libertad. No te mueve hacia la solución: te congela frente a un peligro que muchas veces ni siquiera es real.
La diferencia entre los dos no está en la intensidad de lo que sentís. Está en lo que ese miedo te lleva a hacer.
Lo que pasa cuando el miedo disfuncional se activa
Cuando una mamá siente miedo de vacunar a su hijo, ese miedo es completamente real. Lo siente en el cuerpo. Le genera angustia genuina. No hay nada de qué avergonzarse en eso.
El problema aparece después. Porque cuando el miedo disfuncional se activa, el cerebro entra en un modo particular: ya no busca la verdad. Busca confirmar la amenaza.
Esto lo explica muy bien la TCC, y Aaron Beck fue quien lo sistematizó: las distorsiones cognitivas son pensamientos automáticos que desencadenan emociones intensas y conducen a conductas que no nos ayudan. Y una de las distorsiones más potentes es el sesgo de confirmación.
En el episodio 90 de Psicología al Desnudo abordamos exactamente esto: una vez que el cerebro crea el significado de algo, está diseñado para no soltarlo. Incluso si aparece evidencia en contra, tiende a ignorarla y seguir creyendo lo que ya creía. El cerebro evalúa cada información nueva en comparación con las conclusiones que ya tiene formadas. Y siempre se inclina hacia lo que le parece verdad en ese momento.
Aplicado a las vacunas: si ya instalaron en ti el miedo de que pueden hacerle daño a tu hijo, tu cerebro va a filtrar toda la información nueva a través de esa lente. El artículo sobre décadas de evidencia de seguridad va a pasar inadvertido. El hilo de Twitter con el caso aislado de una reacción adversa se va a quedar grabado.
No porque seas crédula. Porque así funciona el cerebro humano.
Cómo la desinformación aprovecha exactamente eso
La información falsa sobre vacunas no circula diciendo "esto es veneno". Eso sería fácil de desmentir. Circula diciendo cosas como: "¿Sabés realmente qué le estás poniendo en el cuerpo a tu hijo?", "¿Vas a confiar ciegamente sin investigar?", "¿No deberías esperar y ver?".
No ataca la ciencia. Activa el instinto de protección maternal. Y una vez que ese instinto se activa con miedo disfuncional, el sesgo de confirmación hace el resto.
La información falsa sobre las vacunas y la vacunación —ya sea intencional o no intencional— representa una amenaza grave para la salud pública en toda la Región. La exposición a la desinformación puede minar la confianza del público en los programas de inmunización, incluso entre quienes anteriormente aceptaban las vacunas sin dudarlo.
No es una falla moral ni intelectual caer en esto. Es psicología básica operando en condiciones de miedo.
Los números cuando el miedo no distorsiona la lectura
Cuando el miedo funcional guía la decisión en lugar del disfuncional, los datos son claros.
En los últimos 50 años, la vacunación salvó aproximadamente 154 millones de vidas. De esas, 101 millones corresponden a niños menores de un año. Son 6 vidas por minuto, cada año, durante cinco décadas.
Solo entre 2000 y 2023, la vacuna contra el sarampión evitó 6,2 millones de muertes en las Américas.
Y sin embargo, el sarampión está volviendo.
En 2025 se notificaron 14.975 casos confirmados de sarampión en 13 países de las Américas, lo que representa un aumento de 32 veces en comparación con 2024. Hasta marzo de 2026, se confirmaron más de 13.000 casos adicionales en 11 países.
No porque la vacuna haya dejado de funcionar. Porque cuando la confianza se erosiona, el miedo disfuncional ocupa ese lugar. Y el miedo disfuncional no protege: paraliza.

Esto no es un juicio sobre las mamás que dudan. Es exactamente lo contrario.
Entender el mecanismo psicológico detrás de la desconfianza en las vacunas es lo que permite salir de la lógica de "quien no vacuna es irresponsable" y entrar en una conversación más honesta: la desinformación no convence con argumentos. Secuestra el instinto de cuidado.
Por eso la pregunta que vale hacerse no es "¿confiás en el sistema?". La pregunta es: ¿qué tipo de miedo está guiando esta decisión? ¿El que activa y mueve hacia la evidencia? ¿O el que paraliza y lleva a buscar confirmación de la amenaza?
Reconocer esa diferencia es un acto de salud mental. Y elegir desde el miedo funcional, desde la evidencia, también es cuidar. Es, de hecho, una de las formas más concretas de cuidado que existen.
En este artículo encontrarás
Este contenido fue producido en colaboración con OPS/PAHO en el marco de la Semana de Vacunación en las Américas 2026. Los datos epidemiológicos marcados provienen de fuentes oficiales de la Organización Panamericana de la Salud.
Más información oficial: Semana Mundial de la Inmunización 2026
